Casi siempre la primera pregunta que aparece es cuántas horas hacen falta. La respuesta honesta es que depende menos de la cantidad de personas que del ritmo que quieras sostener. Una sesión de retrato en estudio con luz natural funciona bien en dos horas: hay tiempo para probar dos o tres fondos, cambiar de ropa una vez y dejar que la conversación se afloje. Si el grupo es más grande o hay chicos chicos, sumar una hora evita que todo se sienta apurado.
El seguimiento en exteriores cambia la lógica. Ahí no se trata de acumular tomas sino de caminar con vos por lugares que ya conocés: la vereda de tu casa, el taller donde trabajás, la plaza donde vas los sábados. En esos casos suelo proponer una jornada corta pero partida en dos momentos del día, porque la luz de la mañana y la del atardecer dan imágenes muy distintas y conviene elegir con vos cuál pesa más en la edición final.
Qué mirar antes de decidir
- Cantidad de personas y edades. Un retrato individual y una familia de cinco generaciones no piden la misma estructura. Con nenes pequeños conviene reservar un bloque flexible, sin horario cerrado.
- Uso final de las imágenes. Si el destino es un fotolibro o una copia fine art, la edición se piensa en secuencia y con márgenes amplios. Si es archivo digital para impresión, priorizamos nitidez y encuadres que aguanten ampliaciones.
- Nivel de dirección que querés. Hay quien prefiere que le indique dónde pararse y quien se siente más cómodo si casi no hablo. Ambas cosas se pueden acordar antes, no durante la sesión.
- Cuánto retoque esperás. Trabajo con grano visible y tonos cálidos, sin borrar arrugas ni corregir de más. Si buscás algo muy pulido, es mejor decirlo desde el principio.
Para coberturas de jornadas completas, como la presentación de un fotolibro o un ensayo de barrio, el formato se arma distinto: dos cuerpos de cámara, luz disponible y una entrega dividida entre selección editada para difusión y archivo completo. Ahí el valor está en no perder momentos que no se repiten, más que en la prolijidad de cada cuadro.
Si todavía dudás entre estudio y exteriores, o entre una sesión corta y un seguimiento largo, escribime con lo que tenés en mente y lo vemos juntos. Muchas veces la decisión se aclara sola cuando ponés en palabras qué querés recordar de ese momento.
Podés ver los formatos de trabajo o escribirme desde la página de contacto para coordinar fechas.